La contemplación de la compasión

Esta práctica nos ayuda a vernos en el otro, a sentir la humanidad compartida, en vez de las diferencias que nos separan

Las otras noches en una cena alguien dijo, refiriéndose a LeBron James, “…porque es negro y bruto.” Me quedé tan atónito que mi cerebro se congeló y solo pude contestar con un débil, “Es más listo que todos los que estamos aquí puestos juntos.” “Ser listo no es lo mismo que ser inteligente,” continuó mi interlocutor, felizmente ajeno a lo que acababa de decir y mostrando, con su ejemplo, la diferencia.

Doce días antes de la masacre de Orlando, en un correo electrónico que pensaba era privado, un ejecutivo de publicidad se refirió a su cliente como “el pájaro”. El pájaro leyó el correo y describió su indignación en Facebook. Contrastó su integridad como homosexual fuera del clóset con la cobardía del ejecutivo.

Cuando mi hija, Lucía, tenía diecisiete años, tuvo su primera novia. Era, además, su mejor amiga desde la infancia. Sus padres, quienes vieron a Lucía crecer, quienes le dieron la bienvenida en un cumpleaños tras otro, en fiestas de dormir, en excursiones, prohibieron que Lucía entrara a su casa. Como si padeciera de una especie de lepra social, mi hija, quien no tiene un pelo malintencionado en su cuerpo, no podía entrar a la casa donde la habían recibido con cariño desde niña. Nada había cambiado. Seguía siendo graciosa, generosa y gentil, pero ya no lo veían. Porque ahora le gustaban las nenas. Los padres de su novia tampoco vieron a su hija llorar en mi sala, desconsolada porque le estaban haciendo la vida un infierno.

Hay solo dos clases de acciones, las que unen y las que separan. Las que separan causan dolor. Las que unen, felicidad. Por miedo, escogemos separar demasiado a menudo. El miedo nos ha servido bien durante milenios, pero contrae nuestros sentidos y pensamiento. Vemos solo lo que está al frente, pensamos en automático y queremos salir corriendo, pelear o congelarnos. Vemos un negro bruto en vez de un hombre. Ver el hombre es demasiado complicado para el miedo.

Me gustaría vivir en un mundo donde LeBron es solo un hombre, donde no pensamos que alguien es un imbécil porque su acento es diferente al nuestro, donde no le tengo que pedir permiso a mi hija para publicar esto. Es un lamento que se escucha a través del tiempo y a veces pensamos que se lo lleva el viento. Pero prefiero, siguiendo el dicho, prender una vela en vez de maldecir la oscuridad.

La única forma que conozco de cambiar conscientemente es mirar hacia adentro. Así que mi vela, para ustedes y para mi, es la contemplación. Hoy quiero compartir una meditación que es parte de la tradición budista, aunque la precede. Es una práctica que nos ayuda a vernos en el otro, a sentir la humanidad compartida, en vez de las diferencias que nos separan.

Si practicas diligentemente durante un tiempo y después te examinan el cerebro con resonancia magnética (fMRI), encontrarías que las áreas de tu cerebro que procesan la empatía se alumbran más que las de personas que no practican. También encontrarías que la amígdala, encargada de disparar el miedo, está más tranquila, mientras que las áreas encargadas de manejar las emociones, tomar diferentes perspectivas y aprender, crecieron.

Como dice el Dalai Lama, “Si quieres que los demás sean felices, practica la compasión. Si quieres ser tú feliz, practica la compasión.”

LA MEDITACIÓN DE LA COMPASIÓN
Vas a estar usando unas frases. Si quieres, siéntete en libertad de usar otras que te sean más afines. Puedes sentir emociones fuertes o no sentir mucho. Acaso se te haga difícil cuando visualices a una persona difícil. Está bien. No estás tratando de arreglar nada, solo sentir un poco como siente el otro y desearle alivio. Lo importante es la intención sincera.

Descansa en una posición cómoda y déjate relajar. Deja que tu atención vaya a tu respiración y respira normalmente. Al inhalar, estás consciente de que estás inhalando, al exhalar, estás consciente de que exhalas. Inhalando, exhalando, una respiración a la vez. Solo respiras.

Bondad y compasión para un ser querido
Trae a tu mente la imagen de alguien que quieres mucho. Nota como este amor te llena. Nota las sensaciones en tu cuerpo.

Sigue respirando y presta atención a estos sentimientos mientras visualizas a la persona. A la misma vez, recita en silencio estas frases, sintiendo lo que recitas:

Que estés libre de sufrimiento.
Que tengas felicidad.
Que estés en paz.

Siente con todo tu corazón el deseo de que tenga felicidad y esté libre del sufrimiento.

Ahora, recuerda una ocasión en que la persona sufrió. Nota lo que sientes cuando piensas en su sufrimiento. Nota como se siente esto en tu cuerpo y en tus emociones.

Sigue visualizando la persona querida mientras respiras y repites las frases durante un tiempo.

Siente las sensaciones en tu cuerpo y las emociones que te surgen.

Compasión para ti mismo
Ahora, contempla una ocasión en que sufriste tú. Nota lo que sientes cuando piensas en tu sufrimiento. Nota como se siente esto en tu cuerpo y en tus emociones.

Igual que deseamos que termine el sufrimiento de aquellos a quienes queremos, deseamos que termine nuestro propio sufrimiento y que sintamos alegría.

Sigue visualizándote a ti mismo mientras respiras. Siente con todo tu corazón el deseo de que tengas felicidad y estés libre del sufrimiento. Recita, en silencio, lo siguiente:

Que yo esté libre de sufrimiento.
Que tenga felicidad.
Que esté en paz.

Sigue recitando estas frases durante un tiempo y sintiendo las sensaciones en tu cuerpo y las emociones que te surgen.

Compasión para una persona neutral
Ahora, visualiza alguien que ni te agrada ni te desagrada. Alguien que pudieras encontrar en tu vida cotidiana, como un dependiente en una tienda o alguien que pasas en la calle.

Aunque no conozcas bien a esta persona, piensa como pudiera sufrir en su vida. Tal vez tenga problemas con un ser querido, o dificultades en el trabajo, o tenga problemas de salud. Nota lo que sientes cuando piensas en su sufrimiento. Nota como se siente esto en tu cuerpo y en tus emociones.

Sigue visualizando la persona mientras respiras. Recita lo siguiente:

Que estés libre de sufrimiento.
Que tengas felicidad.
Que estés en paz.

Sigue recitando estas frases durante un tiempo y sintiendo las sensaciones en tu cuerpo y las emociones que te surgen.

Compasión para una persona difícil
Ahora, visualiza alguien con quien tengas dificultades. Puede ser algún familiar, un vecino, un amigo, alguien en el trabajo.

Aunque sientas emociones negativas hacia esta persona, piensa en como esta persona puede haber sufrido en su vida. Esta persona también ha tenido tristezas y dificultades.

Nota lo que sientes cuando piensas en su sufrimiento. Nota como se siente esto en tu cuerpo y en tus emociones.

Sigue visualizando la persona mientras respiras. Recita lo siguiente:

Que estés libre de sufrimiento.
Que tengas felicidad.
Que estés en paz.

Sigue recitando estas frases durante un tiempo y sintiendo las sensaciones en tu cuerpo y las emociones que te surgen.

Si se te hace difícil desearle que se alivie su sufrimiento, tal vez puedes pensar en alguna ocasión en que tuvieron una interacción positiva. Acaso conversaron con soltura o rieron o trabajaron bien en algo.

Sigue recitando estas frases durante un tiempo y sintiendo las sensaciones en tu cuerpo y las emociones que te surgen.

Compasión para todos los seres
Ahora que estamos llegando al final de esta contemplación, vamos a desearle el bien y la paz a todos los seres. Igual que nosotros queremos estar libre del sufrimiento, así lo desean todos los seres.

Solo respira y desea que se alivie el sufrimiento de todos los seres. Siente como esta intención trae alegría y compasión a tu propio corazón, en este momento.

Foto de Ed Dunens

 

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