La naturaleza y la felicidad

La ciencia está mostrando cómo y por qué nos conviene estar en la naturaleza

Todos sabemos que andar por la playa, caminar en el bosque o sentarnos frente a un lago nos hace sentir bien. Ahora, la ciencia está descubriendo los efectos profundos que tiene la naturaleza sobre nuestro cerebro y la manera en que nos ayuda con la ansiedad, el estrés, la atención y nuestras relaciones.

“Estamos viendo cambios en el cerebro y el cuerpo que sugieren que estamos más saludables mental y físicamente cuando interactuamos con la naturaleza,” dice David Strayer, un investigador de la Universidad de Utah.

Hoy, que pasamos tanto tiempo adentro, conectados a nuestros aparatos y computadoras, es bueno repasar las maneras en que la ciencia nos dice que andar en la naturaleza nos ayuda.

La naturaleza nos reduce el estrés
En un experimento reciente, llevado a cabo en Japón, un grupo de personas caminó en el bosque y otro en la ciudad. Los que anduvieron por el bosque tuvieron ritmos cardíacos más reposados y variados. Ambos indican más relajamiento y menos estrés. Además, en cuestionarios, reportaron tener mejor estados de ánimo y menor ansiedad. Más allá de los cambios que produce el ejercicio de caminar, el efecto se debe a estar en la naturaleza.

En otro estudio, este en Finlandia, los científicos encontraron que aquellas personas que pasearon por un parque urbano mostraron más alivio del estrés que los que anduvieron por el centro de la ciudad.

Idealmente, pasaríamos más tiempo en la naturaleza. Pero solo mirar por una ventana hacia un paisaje nos ayuda. En un estudio, los pacientes que tenían una ventana mirando a unos árboles se recuperaron más rápidamente de sus cirugías que aquellos con una pared sólida en su cuarto.

La naturaleza nos hace más felices
Como vemos, la naturaleza reduce nuestro estrés. Pero además, cambia nuestro estado de ánimo.

En un estudio reciente de la Universidad de Stanford, dividieron a un grupo de personas en dos. Unos caminaron por el bosque y otros por la ciudad. Los que pasearon por el bosque mostraron tener más emociones positivas, menos ansiedad y sentimientos negativos, y le daban menos atención insistente a los aspectos negativos de sí mismos.

Este fenómeno de reflexionar insistentemente sobre nuestros aspectos negativos está asociado a la depresión clínica y la ansiedad. Los mismos investigadores de Stanford, en otro experimento donde escanearon la actividad del cerebro, además de usar cuestionarios, encontraron que cuando las personas caminaban por el campo tenían menos de esta actividad mental negativa que los que paseaban por la ciudad. Además, una parte del cerebro asociada a la depresión y la ansiedad estaba más tranquila en estas personas.

La naturaleza nos regenera y hace más creativos
Muchos científicos piensan que nuestros cerebros no fueron diseñados para manejar el constante estímulo que recibimos de la tecnología moderna. Algunos entienden que para evitar el desgaste mental, dirigir bien nuestra atención y restaurar la creatividad debemos restituir los circuitos de atención y que una manera de hacerlo es a través de la naturaleza.

En un estudio de 2012, un grupo de partícipes fue en una excursión de senderismo de cuatro días. Otro grupo se quedó en lista de espera. Los senderistas mostraron una capacidad significativamente más grande que los otros cuando les hicieron pruebas de creatividad. Otro estudio, de la Universidad de Michigan, encontró que las personas que usaron a la naturaleza como medio de restauración tuvieron mejores resultados en pruebas cognitivas que los que estuvieron en un ambiente urbano.

Los científicos entienden que esto se debe a que los ambientes naturales estimulan al cerebro de una manera menos insistente que los urbanos. En un estudio llevado a cabo en Edinburgo, por ejemplo, midieron los cerebros de los sujetos con electroencefalogramas móviles. Encontraron que cuando entraban en áreas verdes, mostraban menos frustración y estímulo, a la vez que tenían mayores niveles de estados de meditación.

Cuando dejamos atrás nuestros aparatos y damos un paseo por el parque, permitimos que el cerebro desenganche su atención y sea más creativo, a la vez que nos hace sentir mejor.

La naturaleza puede hacernos más bondadosos
Una serie de experimentos en la Universidad de California en Berkeley investigó de qué manera la naturaleza pudiera influir nuestra generosidad y sentido de confiar en los demás. Los investigadores les enseñaron a los partícipes una serie de escenas naturales, algunas más bellas que otras, según medidas independientes. Después participaron de dos juegos que miden la generosidad y la confianza en otros. Resulta que, mientras más bellas las escenas naturales, mayor generosidad y confianza mostraban los partícipes.

En otro estudio, los investigadores encontraron que las personas que estaban sentadas en una mesa con plantas bellas estaban más dispuestas a ayudar a los demás que aquellos cuyas matitas eran menos lindas.
En otro experimento, de la Universidad de California en Irvine, las personas que miraron hacia una arboleda alta, por tan solo un minuto, aumentaron sus niveles de asombro, generosidad y comportamiento ético.

Hay algo en la naturaleza que nos da bienestar. Lo sentimos en los huesos, y ahora la ciencia está empezando a decirnos cómo y por qué. Como dice Strayer, el investigador de la Universidad de Utah, “Si constantemente estás con un aparato o frente a una pantalla, estás perdiéndote algo bien espectacular: el mundo real.”

Foto de Roy Luck

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