La verdadera meta

LA TRANSFORMACIÓN ES LA META FINAL

“Lo que logramos internamente, cambiará nuestra realidad externa”. –Plutarco

El 17 de agosto de 2008, Michael Phelps salió de la piscina ganador de su octava medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing, y se convirtió en la primera persona con tal logro olímpico. Pero su conversión comenzó mucho antes, cuando, a los los siete años, todavía le tenía miedo al agua. A los nueve le diagnosticaron ADHD. A los once, su entrenador le dijo que si se esforzaba podía estar en las olimpiadas a los quince, así que Michael entrenó 1,825 días seguidos sin brincar uno –son cinco años de días sin tener ganas, estar acatarrado, tener dolores. La historia de cómo ese niño temeroso, que flotaba boca arriba para no tragar agua, se transformó en el mejor nadador de la historia nos dice algo sobre las metas.

Las medallas y las marcas mundiales, como todos los logros, son importantes. Es muy difícil lograr algo valioso sin una meta, pero las metas son más bien unos marcadores de otra cosa. Son la forma visible de algo mucho más importante y sin lo cual es imposible alcanzarlas. Son señales de nuestra transformación.

Lo más importante no es perder las veinte libras, ni conseguir el ascenso, ni llegar a un estado de entendimiento y paz interior, aunque todas esas cosas pueden ser muy valiosas. Lo más importante es en quién te tienes que convertir para ser la persona que perdió esas veinte libras o que logró el ascenso. Porque el puesto nuevo es solo la muestra de la persona que pasó, por ejemplo, de ser reactiva y quejona a la que deslumbra a su organización con su compromiso y destrezas. Sin transformación no hay logros verdaderos. Primero viene el cambio personal y entonces los logros siguen.

Los primeros pasos cuando trazamos metas son muy divertidos. Planteamos objetivos, los alineamos con nuestros valores, hacemos un plan de juego y todas esas cosas necesarias que nos llenan de tanta energía. Pero en algún momento nos damos cuenta que lo que queremos lograr requiere mucho trabajo, mucho compromiso, mucha ayuda, muchas ganas. Es entonces que el objetivo más importante entra en juego: ¿En quién te quieres convertir como resultado de llegar a estas metas? ¿Cómo quieres ser?

Uno de mis clientes, un joven arquitecto, quería conseguir un trabajo donde pudiera expresar su creatividad y ayudar. Estaba encuevado, pasando el tiempo sin hacer mucho, sin ánimo ni disciplina. Le pregunté en quién se quería convertir y me dijo que en una persona con entusiasmo. Fuimos jugando con acciones que lo ponían en movimiento, conectándolo con colegas y amigos que lo inspiraban, que reforzaban su confianza y desarrollaban sus destrezas. Al cabo de varios meses su entusiasmo y confianza en sí mismo habían crecido y esa persona entusiasta acabó viajando para hacer una entrevista y después aceptar una oferta de trabajo con una excelente firma de arquitectos.

Si nos damos cuenta que la meta más difícil y la más valiosa es la transformación personal, lo demás viene más fácil. Los objetivos medibles son imprescindibles, pero solo los lograrás si te conviertes en la persona que es capaz de hacer real esos objetivos. En una especie de círculo virtuoso, donde las acciones y las intenciones de cambio se refuerzan, la realidad se manifestará.

Phelps se convirtió en un modelo de disciplina, con una inquebrantable fe en sí mismo y un compromiso total con desarrollar su talento y destrezas. Por eso es la persona más rápida del planeta en el agua. ¿En quién te convertirás tú?

Foto de Dave See

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